EL ASESINATO DE LA CONDICION HUMANA

Estas líneas no tienen más explicación que el desahogo personal. Necesito hablarme, intentar explicarme  y con ello intentar comprender el comportamiento de unos individuos de los que lo único que conozco es la brutalidad de sus actos.

No pretendo suplir el rol informativo de unos profesionales que, seguro cuentan con más, mejor y más profunda información de la que yo pueda disponer.

Es pues una reflexión personal que quisiera compartir con quienes como yo se sienten abrumados por el desastre de saber que otras personas son capaces de segar indiscriminadamente la vida de sus congéneres sin más causa que la discrepancia política, o la pertenencia a un credo religioso diferente al suyo, o la simple manifestación pública de la opinión que les merece determinados comportamientos de quienes por un exacerbado sentimiento de pertenencia se adhieren acríticamente a los postulados que emanan de un determinado ámbito cultural o religioso.

En todo acto terrorista, desde mi punto de vista,  inciden en quien los programan y ejecutan tres detestables y peligrosísimos comportamientos: abolición de cuanto estimen  contrario a su personal  concepción de las cosas, desprecio del contrario e imposición por la fuerza bruta, el terror, de sus postulados o creencias.

Se trata en todo caso de actos criminales, que definen como criminales a sus protagonistas.

Es para mi incuestionable que un acto criminal de esta naturaleza nada tiene que ver con un proceso intelectual que lleva al convencimiento de la necesidad de una determinada intervención en la cosa pública. Ni se puede justificar en función de una determinada y difícil o muy difícil experiencia vital, o en base a la extracción social de quien ejecuta esos actos contra natura.

Por último, encontrar  justificación en un conflicto armado que se desarrolla en cualquier parte del mundo, no absuelve el acto individual y concreto de pegar un tiro a una persona a la que se está viendo viva y de la que se pretende, en cualquier caso, su muerte, tenga o no que ver con dicho conflicto.

El crimen, el asesinato viene precedido por un único proceso mental, el del desprecio de toda vida humana distinta de la del propio asesino.

Me sumo por todo ello a las expresiones de condolencia puestas de manifiesto en público y en privado a los familiares de las víctimas de tan terrible asesinato.

Igualmente quiero expresar mi temor, porque me siento individualmente vulnerable y colectivamente desprotegido.

Sin embargo quisiera expresar mi compromiso personal para defender hasta el límite de mis posibilidades, no ya el sistema de vida que tenemos -coyuntural, mudable y en muchos aspectos francamente mejorable- sino de la condición humana, la de todos nosotros, que de forma individual o colectiva, con nuestra inteligencia, es capaz de idear un mundo mejor, de construirlo y de resolver adecuadamente para todos  las contradicciones y conflictos que puedan surgir hasta nuestra total integración, condición humana hoy desolada y casi siempre decepcionante.

José Mª Lirón de Robles Pérez

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